La gestión de una comunidad de vecinos implica mucho más que pagar facturas. Normativa, contabilidad, incidencias, seguros, obras… Por eso, contar con un administrador de fincas colegiado marca la diferencia.
Un profesional colegiado cumple con requisitos de formación, está sujeto a un código deontológico y cuenta con un seguro de responsabilidad civil que protege a la comunidad.
Además, garantiza una gestión económica transparente, asesoramiento jurídico continuo y una correcta aplicación de la Ley de Propiedad Horizontal.
En comunidades donde no hay una gestión profesional, los problemas suelen aparecer antes: conflictos entre vecinos, impagos, retrasos en obras o falta de información clara.
Un administrador colegiado no solo resuelve problemas, también los previene, aportando tranquilidad y confianza a todos los propietarios.


